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In Memoriam. Philip Gould, experto electoral y modernizador del Labour

Con Philip Gould, que falleció en noviembre  del año pasado, desapareció una de las figuras más destacadas del grupo que acompañó a Tony Blair en su camino de modernización del Labour Party y que abriría, con la gran victoria electoral de 1997, su definitiva transformación en un sólido partido de gobierno.

Tuve ocasión de conocer personalmente a Philip Gould en febrero de 2000 cuando hizo una visita relámpago a Madrid para echar una mano a la candidatura de Joaquín Almunia. La ayuda de Gould llegó por una vía relativamente oficial cuando la campaña ya estaba en marcha y en su fase final. Fue un empujón básicamente moral en una campaña que estaba tocada y desorientada desde el principio.

En un almuerzo que mantuvimos en un restaurante muy conocido de la Calle Ferraz, Trinidad Jiménez y yo mismo le describimos a Gould los aspectos básicos de la campaña y las dificultades inmensas con las que se enfrentaba el PSOE para enderezar la situación, extremadamente parecida a la que se presentó antes de las últimas elecciones.  Luego tuvimos una reunión de trabajo en la que participaron otros miembros de la campaña más integrados en el aparato como Ignacio Varela o Ludolfo Paramio y poco más. En la reunión, obviamente, reinó un ambiente de escepticismo.

Gould, que tenía una fama legendaria de redactor de memorandums estratégicos,  nos envió su papel al día siguiente. Era una propuesta ortodoxa y sensata, algo así como la sugerencia de volver back to classics y de relanzar la batalla electoral bajo unas pautas convencionales y algún golpe de efecto. Se vio inmediatamente que era algo absolutamente imposible de aplicar en una campaña que avanzaba sin pausa de error en error.

Habíamos oído hablar de Philip Gould durante el proceso de las elecciones autonómicas de 1999 en las que tuve la responsabilidad de dirigir la campaña de Pasqual Maragall. Trabajábamos en la campaña desde mediados de 1998 y Gould había adquirido una fama relevante después del enorme éxito laborista de 1997.  Estábamos deslumbrados todavía en esa campaña por la epifanía digamos que técnica que había supuesto la victoria electoral de Clinton en el 92 y el salto a la fama pública de un hombre como James Carville.

Esos consultores americanos que habían conseguido una cierta fama y que eran admirados e imitados por Gould tendían a reprocharle lo que consideraban un ego descomunal y una cierta arrogancia.

“The unfinished revolution” es un libro de Gould de fascinante lectura que recoge su experiencia electoral. Integra su teoría de las campañas electorales en el esfuerzo de modernización del Partido Laborista. En realidad el título hace referencia a la revolución que significó el cambio en el partido impuesto por los renovadores de Blair y que le situó en el camino de ganar las elecciones de 1997.

Gould sostiene que el Partido Laborista no pudo ganar en la elección de 1992, a pesar de una campaña relativamente brillante, porque el electorado percibió que no había afrontado todavía los cambios necesarios. Tony Blair fue quien dirigió el proceso, acompañado por el propio Gould y por Peter Mandelson.

No es difícil establecer aquí un paralelismo con lo que sucedió al PSOE en la última campaña.

El libro de Gould contiene algunas aportaciones fascinantes sobre la campaña electoral laborista que llevó a Blair a Downing Street. Desde la descripción del planteamiento de la campaña y la experiencia norteamericana del verano de 1992 a los cambios organizativos y los detalles de la relación entre los activistas electorales con la máquina del Partido Laborista. Son informaciones y reflexiones que tienen un interés considerable para cualquier observador que tenga experiencia de las campañas electorales en España.


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W hat I came to respect more about Bill Clinton was his instinctive sense about people. His contact with people impacted what he did. It energized him. He remembered what people said, just walking a road block shaking hands. Stan Greenbergg.

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